El marketing musical abarca las estrategias y tácticas que un artista o profesional de la música, incluyendo a las discográficas, aplica al momento de tener un plan promocionar su música, desarrollar su imagen y crear un vínculo recíproco con su audiencia (una comunidad o fandom).
Hoy en día, con los avances tecnológicos, el acceso a internet y lo novedoso que es el uso de la I.A., la creación y difusión de música se han vuelto mucho más accesibles, pero más competitivas. De todas maneras, el marketing musical está más al alcance que nunca de los artistas independientes y de aquellos que desean mostrar su creatividad en la industria y hacerse un nombre.
Cuando te preguntás cómo hacer marketing musical, este no se limita a la venta de un producto como un álbum, canción o concierto; va mucho más allá, al enfocarse en construir y mantener relaciones con quienes eligen escucharte.
Como en cualquier otro negocio, la industria musical siempre ha buscado posicionar diversos elementos artísticos como bandas, cantantes, músicos, y festivales. Incluso, en ocasiones ha fomentado y hasta influido en cambios socioculturales, despertando preferencias o intereses en el público.
Origen y evolución del marketing musical
En las primeras décadas de la industria musical, antes de la era digital, el marketing se centraba en la distribución de discos de baquelita y vinilo. Los sellos invertían en radio y prensa escrita para difundir a sus artistas, además de afiches y carteles en la vía pública, mientras los artistas y bandas ganaban notoriedad mediante giras y programas radiofónicos. La BBC y otros operadores de radio desempeñaban un papel principal en esta tarea hasta la irrupción de la televisión.
Con el surgimiento del rock and roll en los años cincuenta, figuras como Elvis Presley demostraron que la televisión podía ser un vehículo poderoso para compartir música, mensajes políticos y también culturales. Los conciertos y giras se volvieron esenciales para acercar a los artistas a públicos cada vez más amplios en un mundo que se globalizaba tras la Segunda Guerra Mundial. Fue ahí que la promoción en televisión ayudó a consolidar sus carreras rompiendo con la barrera de la radio.
En los 60s, los Beatles llevaron a cabo la revolución de “lo pop” y el marketing musical se empezó a adaptar a ello. La banda mostró que, además de buenas canciones, tenían una estética innovadora y una estrategia comunicacional para conectar con la audiencia nunca antes vista. Su presencia tan llamativa en la televisión consolidó su marca y explica (hoy en día) por qué siguen inspirando tributos, documentales y mayor demanda de catálogo. La combinación de sonido, imagen y narrativa subraya la importancia del branding musical.
El movimiento hippie de la misma época usó la música como plataforma para protestar contra la Guerra de Vietnam y promover ideologías contraculturales. Este uso demostró que el marketing musical podía difundir mensajes políticos y moldear comportamientos colectivos, estableciendo un vínculo entre arte y activismo.
Los 70s presenciaron el auge del rock progresivo y el punk, estilos tan rebeldes como opuestos, que reflejaron la necesidad de romper normas. Para los músicos de estas corrientes era clave entender el contexto sociocultural para encontrar su voz. El programa británico “Top of the Pops”, que presentaba a los artistas más vendidos y generaba total expectativa por grupos como Queen, Duran Duran, Deep Purple o Blondie, ayudó a llevar la música del Reino Unido al mundo, reforzando la televisión como plataforma de promoción.
Ya en los 80s con la aparición masiva de los gadgets tecnológicos como los discman y el boombox, MTV revolucionó el marketing musical con videoclips que combinaban música e imagen y llegaban a públicos juveniles globales a menor costo y más segmentado. Estos videos influyeron en moda y cultura pop y se convirtieron en un elemento fundacional de una era (“los ochentas”). Paralelamente llegó el CD, con mejor sonido (dudoso) y portabilidad, algo que multiplicó las ventas y permitió lanzamientos simultáneos en distintos mercados, territorios y de distintas maneras (más discos en vivo, más reversiones, más bonus tracks, etc).
A fines de siglo y principios de los 2000, Napster y otras plataformas de intercambio P2P pusieron el pie de inicio a la era digital. Esto desafió el modelo de las ventas de discos y aceleró la adopción de las descargas legales y lo que hoy conocemos como streaming. La industria tuvo que adaptarse a internet y a desarrollar estrategias de marketing online. Primero Netflix y luego YouTube, iTunes (hoy Apple), Spotify etc, transformaron el consumo de todo tipo de contenidos, ofreciendo acceso instantáneo e ilimitado a catálogos inmensos a cambio de una suscripción. Digamos que la industria se abarató… ¿o no tanto?

Diferencias entre el marketing tradicional, marketing digital y marketing musical
Como hemos visto, el marketing es un proceso social mediante el cual individuos y grupos obtienen información del mercado, es decir, de los intereses en acción de todos los seres humanos que participan socialmente. Se toma información sobre sus decisiones a la hora de consumir servicios y productos y se crean matrices para determinar razones que los llevan a tomar esas mismas decisiones.
De manera tradicional, el marketing implica los procesos realizados hasta la llegada del mundo digital. Esto incluye televisión, tablones, radio, diarios, revistas, llamadas telefónicas, boca en boca. El alcance del marketing depende siempre del medio por el cual se lo trabaja, pero no permite una especificidad de audiencia objetivo.
Por ejemplo, un anuncio televisivo en el prime time probablemente llegue a todas las familias que están mirando algún programa de juegos en vivo. Un tablón instalado en la ruta también será visto por todas las personas que viajen a través de ese lugar. De todas maneras, muchas veces puede entenderse que la publicidad o estrategia de marketing puede estar dirigida a todas esas personas por algún motivo aparente.
El marketing digital se apoya en internet para conectar con los consumidores. Utiliza herramientas como las redes sociales, correos electrónicos, sitios web, foros de discusión y anuncios pagados en plataformas como Google Ads, Meta Ads y también Spotify Ad Studio. El marketing digital permite segmentar de forma más precisa a las audiencias y ofrece la posibilidad de medir resultados en tiempo real, como la cantidad de clics, conversiones o interacciones, lo que lo hace altamente efectivo y adaptable. Esto también facilita hacer ajustes sobre la marcha para mejorar los resultados.
El marketing aplicado a la música sigue estos mismos principios de ambos tipos de marketing, pero con un enfoque adaptado a las particularidades de la industria musical. Aquí, el producto a vender es la música del artista. Esto puede tomar diversas formas: canciones, álbumes, conciertos en vivo, merchandising, suscripciones, bonus tracks. El objetivo es crear valor tanto para el artista como para su audiencia, estableciendo una conexión emocional, esto como consecuencia genera una fidelización de los fans.
Si tuviera que actualizarse, el marketing musical digital estaría definido por la transformación de la manera en que los artistas emergentes y establecidos se conectan con su audiencia. Los músicos ahora no solo dan a conocer su arte, sino también interactuan directamente con sus seguidores y crean una comunidad que ellos mismos deben poder sostener, pudiendo medir el impacto de sus estrategias de forma prácticamente instantánea.
Objetivos del marketing musical
El primer objetivo del marketing musical (y quiero que te quede claro) es que te descubran. Suena obvio, pero es el punto de partida de todo incluso si ya tenés popularidad. Pero teniendo en cuenta que recién empezás es así de simple. Si nadie sabe que existís, tu música no puede competir en un mercado donde se lanzan docenas de miles de canciones por día. El descubrimiento no es solo llegar a mucha gente gracias a un videíto de TikTok, sino llegar a la gente correcta. Personas que ya consumen tu género o nicho musical, personas que podrían conectar con tu propuesta y que tienen hábitos o comunicación compatibles con tu música.
El segundo objetivo es posicionarte. No se trata de inventar un personaje falso, sino de que tu propuesta sea entendible en segundos y desde distintos ángulos. Qué hacés, a quién te dirigís, qué emoción o energía prometés, qué universo estético tenés y por qué alguien debería prestarte atención a vos y no a otro (lo más importante, me parece). Cuando el posicionamiento está flojo, todo lo demás se vuelve agotador, pero cuando el posicionamiento está bien, la gente te entiende rápido y se engancha porque quiere pertenecer.
El tercer objetivo es construir marca y memoria. Mucha música es buena, pero lo que diferencia a un artista es la huella que deja. Que una persona te tenga presente cuando está en el mood correcto, cuando va al gym, cuando maneja de noche, cuando quiere estudiar, cuando se siente roto, cuando se enamora (y también lo contrario). Esa memoria se construye con repetición inteligente, consistencia visual/sonora, historias, símbolos, frases y momentos donde tu música queda asociada a una emoción o momento concreto.
El cuarto objetivo es la conversión. Un video viral no paga las cuentas. El marketing musical existe para mover a la audiencia un paso adelante para que deseen ver un videoclip o escuchar tus canciones completas. El objetivo no es ser viral (yo no lo promuevo), sino diseñar un camino donde cada contenido tenga una función dentro de un sistema. Tu sistema.
El quinto objetivo es activar los algoritmos. En Spotify, por ejemplo, lo que cambia el juego no es que te vean, sino que la gente escuche con intención (ratio de escuchas). Que terminen de escuchar el tema, que lo guarden, que lo repitan, que lo agreguen a su biblioteca y/o playlists, que lo compartan, que exploren tu catálogo. El marketing musical bien hecho crea el contexto para que esas señales aparezcan de forma natural, porque la audiencia llega predispuesta y no por accidente. Recordá, el público debe querer descubrirte por su cuenta.
El sexto objetivo es la creación de una relación directa con tu audiencia (una comunidad) fuera de las plataformas. Las redes y el streaming son un medio, NO un fin. Hoy funcionan, mañana cambian o desaparecen. Por eso el marketing musical también apunta a construir activos propios como la comunidad, lista de emails, un canal de Discord, una comunidad de WhatsApp o Telegram, un Patreon, etc. Es la base de fans reales que vos podés activar para un lanzamiento o un show.
El séptimo objetivo es retener y escalar. Muchísimos artistas se obsesionan con llegar y se olvidan de quedarse. La carrera se construye cuando una persona pasa de escucharte una vez a considerarte parte de su vida. Eso se logra con continuidad y repetición del mensaje. La misma narrativa de tu proyecto musical es la que va a continuar atrayendo a las mismas personas a la par de que se te aparecen nuevas (primer objetivo siempre en marcha). Para escalar se necesita consistencia a lo largo del tiempo, cosa que otros productores y personas interesadas en invertir en que crezcas y tengas mejores posibilidades dentro de la industria musical. También influye el hecho de que vos mismo te des cuenta de que lo podés hacer.
Teniendo en cuenta los objetivos, cabe mencionar que la mayoría de los artistas hace marketing musical como si fueran mini campañas sueltas, sin sentido. Un reel hoy, un post mañana, 3 tiktoks, un anuncio una vez cada tanto, un lanzamiento sin estructura. Después viene la frustración porque no pasa nada.
La buena noticia es que el marketing musical se vuelve mucho más simple cuando lo convertís en un plan. Un plan no te limita sino que te ordena. Te concentra en el objetivo que perseguís, en tu audiencia, en el mensaje, en los contenidos que necesitás y en las métricas que vas a mirar para ajustar sin perder tiempo. Si ya entendiste para qué sirve realmente el marketing musical, el siguiente paso lógico es aprender a bajarlo a tierra.
Cómo crear un plan de marketing musical
No, no es un PDF bajado de ChatGPT. Un plan comprende los elementos que necesitás en el momento que los necesitás. A veces es más importante centrarse en los contenidos, otras veces en la música y otras tantas en la próxima gira.
Un plan de marketing musical es un mapa de decisiones. Te evita improvisar (aunque todos hacemos algo de esto), te dice qué hacer en cada etapa y te ayuda a medir si estás avanzando o solo subiendo cosas. La clave es que sea simple, entendible por todo el equipo y adaptado a tu realidad (género o nicho musical, tiempo disponible, presupuesto, habilidades, etapa de carrera).
1. El objetivo principal (uno solo)
Antes de pensar en contenido o anuncios, ¿qué querés lograr en los próximos 6 meses? Elegí un objetivo central y todo lo demás se alinea a eso.
Ejemplos de objetivos válidos:
- Simplemente darte a conocer.
- Hacer crecer una comunidad.
- Aumentar oyentes mensuales y seguidores en Spotify.
- Llevar tráfico a un videoclip en YouTube y mejorar retención.
- Vender entradas para un show.
- Colaborar con artistas más grandes
- Vender tu catálogo
- Sincronizar tu música en películas y series
Si intentás crecer en todo al mismo tiempo, terminás con energía dispersa y te aseguro que te vas a quemar. Un plan fuerte tiene un objetivo claro.
2. La audiencia ideal y real
Y no, no son todos. Definir público no es decir personas de 18 a 35. Es entender lo que escuchan (artistas similares), los contextos socioculturales, las emociones que persiguen (inconscientemente), el contenido que están mirando (canales de streaming, tendencias, memes, creadores, etc).
Un artista sin definición de audiencia suele crear contenido genérico o subir cualquier cosa buscando tener un viral. Lo genérico no activa deseo porque no tienen con qué asociarte.
3. Propuesta de valor
Necesitás una frase que te defina socialmente y funcione como brújula: “hago (X) música para (Y) personas que quieren sentir (Z)”. Cuando esto está claro, tus videos, portadas, copies y estética empiezan a tener coherencia. Esto es algo que se percibe mayormente de manera inconsciente, el público no va a andar auditando tu presencia.
4. El embudo
Un plan sin embudo es solo difusión. El embudo responde al recorrido que hacen las personas para conocerte más (y escucharte, obvio). Existe una estructura más o menos determinada que viene del marketing tradicional, pero te la adapto a tu situación:
- Descubrimiento (TOFU): contenido de amplio alcance, covers, reversiones, todo aquel contenido que atrapa a la gente interesada en la música, pero aún no en lo que vos hacés.
- Interés (MOFU): contenido específico de lo que hacés como puede ser la grabación de tus canciones, relatos sobre ellas, entrevistas, tu visión del mundo, de la música, etc.
- Deseo (BOFU): lanzamientos, newsletter, contenido personal, videos en vivo, todo lo que te acerca a quienes ya te conocen.
El hecho de estar siempre pidiendo que te escuchen en Spotify hace que estos 3 elementos se despedacen porque no estás entendiendo en qué momento hacerlo y en qué momentos NO.
5. Canales de comunicación
No todos tienen que hacer todo. Vos tampoco. Elegí 1 canal principal + 1 canal de soporte si estás recién empezando, hasta entender bien cómo funciona tu embudo. ¿Sos bueno hablando a cámara? ¿No te gusta mostrar la cara? ¿Tenés material de videoclips? ¿Grabás todo lo que hacés? ¿Tu música se relaciona con contenidos de terceros? ¿Tu fuerte son los recitales? Con estas preguntas tenés alguna pista de qué poder ir subiendo.
Lo importante va a ser que puedas sostener algún tipo de consistencia sin necesidad de estar en todos lados. Si tenés 10 clips de un show en vivo listos para subir, organizate para hacerlo de a 2 por día mientras preparás otros 10 clips para la semana que viene. A cada clip escribile un texto encima, dale contexto, probá distintos ángulos para presentar tu idea musical o lo que querés que sepan antes de conocerte.
6. Sistema de contenidos
El contenido no se inventa todos los días. Se arma con pilares, ideas, ángulos, piezas y formatos.
Entre los pilares típicos para artistas podés encontrar:
- Música propia: previews, making of, sesiones, ensayos, producción
- Apalancamiento: covers, remixes, artistas favoritos
- Entretenimiento: memes de nicho, POV, chistes, contenido con ironía, en la calle
- Valor: tips, tutoriales, cultura, infografías, mini biografías
- Prueba social: entrevistas, shows, giras, reacciones
De ahí se pueden desprender las ideas que luego podrás abarcar con distintos ángulos (formas de decir lo mismo o abarcar una misma idea) y con eso tendrás los formatos disponibles para crear tus piezas.
7. Ciclo de lanzamientos
Un plan real incluye calendario para todo (no solo para contenidos bonitos). Aunque yo prefiero aligerar esa parte, en cuanto a los lanzamientos sí te recomendaría tener bien en específico qué vas a lanzar y aproximadamente cuándo (en qué meses). Te voy un ejemplo de cómo podrías hacer en 2026:
- Febrero: lanzamiento de tu primer single del año después de haberte posicionado durante todo diciembre y enero (sin lanzar nada). Tenés al público fresco y listo para recibir algo.
- Marzo: análisis y ajuste de tus contenidos para continuar acomodando tu lanzamiento mientras el público sabe que estás trabajando en algo nuevo.
- Abril/Mayo/Junio: un EP de 2 o 3 canciones para sorpender con material mucho más acorde a lo que tu público estuvo requiriendo.
- Julio/Agosto: periodo de análisis de posibilidad de álbum para fin de año con todo el feedback que tu público estuvo dándote. Tené en cuenta posibles colaboraciones y remixes.
- Septiembre: lanzamiento nuevo, puede ser single, remix, EP, collab, lo que quieras.
- Octubre/Noviembre: última oportunidad del año para lanzar algo fuerte como un álbum.
- Diciembre: no pasa nada, se retoma el loop de posicionamiento hasta febrero de 2027.
Es un estimativo muy básico, pero te podría servir para ver que durante un mismo año podrías cumplir con varios objetivos musicales y en base a esto armar tu estrategia de contenidos. Si tenés en cuenta qué material subir en periodos de pre-lanzamiento, lanzamiento y post-lanzamiento, solo será cuestión de repetir la fórmula la próxima vez con los ajustes necesarios. ¿Ves? no es tan complicado.
8. Análisis de métricas
No mires todo, no hace falta. Mirá lo que te acerca al objetivo. Y tené en cuenta que son más importantes las reproducciones que los oyentes mensuales. No ganamos dinero por la cantidad de personas que nos escuchan sino por la cantidad de veces que eligen nuestra música. Una buena relación con un puñado de oyentes puede generar mucho más dinero que salir a buscar oyentes casuales por todas partes.
Entendiendo que en 2026 más artistas independientes se van a sumar a competir por conseguir oyentes, es recomendable que sepas nutrir a tu primer oyente tanto como al segundo, al tercero y al número mil. Ellos oficiarán de tus células, serán quien compartan tu música con otras personas y aumente tu base de oyentes de manera orgánica, natural, sin forzar.
Si tu objetivo es únicamente la conversión en Spotify, podrías fijarte en orden de prioridad por las siguientes métricas:
- Guardados
- Reproducciones por oyente
- Reproducciones totales por canción
- Guardados y compartidos en redes sociales
Tendencias musicales en 2026
El 2026 no es una simple continuación del año pasado, probablemente sea la madurez de un sector que parecía saturado, pero es que simplemente ahora hay lugar para todos. Las barreras entre estilos se diluyen cada vez más ya que ahora somos parte de “nichos musicales” dada la creación de nuevas formas de comunicación en las redes. Los artistas independientes también crean tendencias, ya no dependemos del mainstream (bueno, no tanto). Por ejemplo el synthwave (del que he hablado en otros artículos) ahora está más ligado al retro-futurismo-tecnocrático de las películas y series de animé y así es como lo vas a encontrar en artistas como Narvent o Navjaxx.
Entre las corrientes musicales de los últimos años destacamos el amapiano, afrobeats/afrohouse, huapango alternativo y música regional además de cada fusión con el pop, la música electrónica y los corridos. Todas estas mezcolanzas se vieron tanto en artistas nuevos salidos de las redes como en aquellos establecidos (mainstream) que decidieron tomar prestados sonidos de moda, algo que no va a dejar de suceder.
Por mi parte, en la industria electrónica veo al indie dance como punto de partida para todo lo demás cuando el afrohouse y el tech house saturado de loops terminen de hartar. El indie dance se una mezcla entre los bajos del electro house de hace 20 años y los ritmos del progressive house y funky house. Elementos combinados y modificados para adaptarse a la época, como el hecho de tener las bajadas más cortas, algo que ya venía sucediendo con el EDM y el melodic techno.
La vieja cumbia romántica y el rock serán protagonistas de la escena latinoamericana por dos razones: el éxito de Un poco de Ruido y el regreso de Soda Stereo, trayendo aquello que matizó nuestra cultura hace tres/cuatro décadas para que lo vivan las nuevas generaciones. Esto permite a muchos artistas que no les gusta el reggaetón/RKT posicionarse sin ningún problema. ¿Quiénes serán las nuevas bandas que rompan los patrones?
Por ahí leí que el afrofuturismo también se va a imponer. No es más que afrohouse con elementos del viejo deep/progressive house de los 90s. A veces muchos subgéneros musicales son sencillamente la misma cosa y parecen nuevos.

Tendencias del marketing musical en 2026
La velocidad a la que está corriendo todo es bastante notoria y muchos se van a quedar afuera por esa misma razón. La inteligencia artificial nos está permitiendo acelerar procesos como nunca antes y, aunque a veces es de temer, no deja de ser una herramienta más en el ecosistema.
Los sellos invierten cada vez más en el análisis de datos y la personalización de las experiencias. La I.A. en ese caso sirve para descubrir o predecir tendencias y generar demos o ideas musicales y optimizar procesos de producción y promoción. Es polémico, lo sé. La buen noticia es que el público reclama sentirse incómodo con canciones compuestas por I.A. porque no tienen algo humano para conectar.
Los artistas independientes están en la carrera de la cantidad respecto de los contenidos, especialmente en TikTok. Es la era en que el más veloz y creativo llega a darse a conocer mejor. ¿Es algo positivo? No lo sé, simplemente es lo que está sucediendo. Hice un TikTok contando específicamente cómo se puede adaptar esta estrategia de omnipresencia de la mejor manera, separando las ideas de contenido en distintos ángulos y formatos. Quien tenga el tiempo, energía o dinero para hacerlo, no tengo dudas de que se va a hacer muy popular este año.
Los artistas que tienen más dinero para invertir pueden probar con una playlist propia de Spotify y el uso de Meta Ads para dirigir público a una landing page que conecte con dicha playlist, en la que debe haber mayormente música del artista combinada con la de artistas similares. Esto se hace para activar el algoritmo y que se pueda proyectar mayor alcance en las playlists algorítmicas como Radio, Descubrimiento Semanal o Daylist. Con aproximadamente $5 dólares al día, se puede lentamente ir creando una comunidad de oyentes en alza.
Google ahora administra el SEO producido en videos públicos de Instagram y TikTok, lo que significa que toda la información que compartas en dichos videos puede servir para recibir gente desde la web. Cada cosa que se busca en Google pasa por el buscador, por la I.A. de Gemini y también recorre las redes sociales. Algo similar, pero inverso está haciendo ChatGPT, quien sale a buscar por Google y otros lugares información que podría necesitar para armar su respuesta. En esa consonancia, aumentan las estrategias de SEO para dar a conocer la web del artista o incluso sus redes sociales.
Storytelling y conexión emocional
La base del marketing musical no es un calendario de posts, sino una historia que vos y tu público comparten. Un lugar en el que sienten que pertenecen y tu música es la representación. El storytelling se define como una técnica narrativa que utiliza personajes, conflicto y emoción para dar sentido a una marca (a un artista en este caso) y generar empatía.
Estudios citados por UNIR señalan que el 57 % de los consumidores se sienten más leales a una marca que comparte sus valores personales y los comunica de manera transparente. Cuando contás tu camino, tus inspiraciones, tus retos y logros, creás una conexión emocional que vuelve tu música más cercana, más memorable y familiar. Ese relato activa dopamina y oxitocina en el cerebro del oyente, generando confianza y seteando la memoria a largo plazo. No se trata de inventar un personaje, sino de saber caracterizar quién sos dentro y fuera de tus canciones.
El caso de Taylor Swift muestra el poder de una narrativa bien construida. La cantautora cultiva una comunidad fervorosa llamada “swifties” lo que los vuelve identificables y genera FOMO para quienes están fuera. Taylor personaliza la experiencia con mensajes ocultos en las letras y todo tipo de artimañas que los mantiene enganchados todo el tiempo. Otro caso es el de Bizarrap, quien ha construido una marca alrededor de su estudio y su identidad visual a lo largo de varios años de sesiones con artistas intivados y una fama logarítmicamente creciente. Sus BZRP Music Sessions suelen ir acompañadas de campañas creativas de altísima expectativa. Ahí hay siempre una estrategia de storytelling y branding sólida que muchas agencias quisieran imitar.
No tengas miedo de contar tu historia como si fuera una película. El rol del público es querer ser los personajes que rodean dichas historias. La música termina operan como símbolo de inclusión en tu recorrido. Yo estoy trabajando desde hace 1 año con Ema Armando, un músico de cumbia romántica que fuera muy reconocido por su labor en Argentina y quien ahora está cambiando el rumbo, probando otros estilos, pero la narrativa la mantenemos en las historias de amor, ¡por eso el 80% de sus videos son virales! Hicimos un trabajo fino según aquello a lo que el público podía responder. Y responden siempre.
Conclusión y pasos a seguir
Alguna de esta información te puede parecer superficial, pero no es que hay un truco en específico que te va a hacer conocido. Es una sinergia entre muchas cosas, la mayoría de las cuales he intentado abarcar en este artículo. Sí te recomiendo que adaptes distintos tipos de contenidos según los canales que uses. No es lo mismo desarrollar una narrativa en TikTok, en Instagram, en Facebook y en los Shorts.
Si tenés presupuestos pequeños, tratá de mimar a tus fans con lo que se te ocurra. Hacerlos sentir dentro de tu historia solo hará que quieran escucharte más y más, a tal punto que puedan llegar a invertir ellos en tu futuro. Si en 2026 va a haber una guerra por la cantidad de contenidos, tu pasito extra debe ser destacar entre todos los demás. Yo hice mi propio ciclo estilo boiler room en 2025 con 2 episodios y planeo seguir innovando con la manera en que quiero presentar estos ciclos, pero mi tarea ahora es analizar la devolución de la gente que lo está viendo en YouTube.
Muchas veces no podremos tenerlo todo al mismo tiempo. Parte de hacer bien un plan es también entender cuándo conviene esperar o posponer algo importante, solo para que forme parte de un proceso posterior (básicamente, cuando las cosas estén mejor).




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